La mente, eterna viajera entre laberintos acumulados, en ocasiones sale de su cárcel. Sin polines, sin arneses, sin red, y te marchas a cualquier parte festejando la ironía de que eres libre. Momentos en los que nos parece que lo inasible pudiese ser tocado por fin. Cuando pensar es sentir, arriesgamos sin temor, sin pudor ni descanso. Arriesgamos tanto que el todo no es nada, desaparece en su propia afirmación. Y por todo esto tan humano que nos atrapa y al mismo tiempo, nos libera en esta tierra donde persiste el dolor. Los sentidos se agudizan y te llevan al borde del juicio frente al redentor que con su dedo elige tu destino, al paraíso o el infierno.
Creo en la existencia del Ángel, el que te acompaña. El que trasforma todo lo que mira. El que planea plan a la fuga de la realidad. El que embellece la basura que nos toca. El que me enfoca que me falta, cuando me niego a la esperanza.
El convierte al destino de esa mariposa burlona, de flor en flor, de salto en salto cuando menos lo espero. No tiene edad, ni horizonte, ni vertical, ni silencio, ni crueldad, ni vacuna, ni literalidad.
Es eterno compañero, que aparece entre mi camino, justo antes de que mi boca toque, por fin, el rezo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario